trancapechoboliviano

Blog para sibaritas bolivianos residentes en el Planeta. Para amigos del exterior que amen la cocina y el turismo en Bolivia. Y en especial para los Militantes de la Buena Vida de todo el Universo

Saturday, September 23, 2006

Pique macho

El pique macho fue una creación colectiva de los comensales que frecuentábamos el Restaurante Miraflores, por entonces ubicado en El Prado, de propiedad de Honorato Quiñones. Sencillamente pedíamos carne picada con papas fritas y locotos cortados transversalmente, para que inciten más la sed. De allí parece haberse emparentado con el Intendente orureño, por la cantidad de carnes y menudencias que hoy exhibe.

En El Prado.- Dos establecimientos se especializan en buenos piques machos, y los dos tradicionales: el Savarín, de mi buen amigo Octavio Camacho, quien ha sido presidente de la Cámara de Empresarios de Restaurantes, y El Tunari, de la familia Arévalo-Panozo. Son verdaderos carros alegóricos servidos en fuentes gigantescas depositarias del buen sabor. También son muy buenos los picantes.

En Cala Cala.- La Casa del Gordo es el laboratorio de mi amigo Rufino, chef con años de experiencia que quiere publicar un libro de recetas con este servidor. (Lo haremos pronto, Rufino). Allí los piques machos son también buques de gran presentación y buen sabor. Los picantes, para chuparse los dedos.

En La Recoleta.- El Pique Lobo, de La Casa de Campo, es invención de mi dilecto amigo Cacho Lobo. Viene jugosito. Es muy apreciado a toda hora, desde el almuerzo hasta el cierre de la cocina por la noche.

En la calle Tarija.- Allí, a su segunda cuadra, se trasladó el Restaurante Miraflores, de don Honorato Quiñones. No sólo sirve el pique macho original y auténtico, sino cabecitas de cordero y sus célebres picantes.

Puka capas: empanadas cumbre del sabor criollo

· Puka capas: empanadas cumbre del sabor criollo

En Cala Cala.- La Casa del Gordo, de Javier Antezana, hijo del finado y querido Gordo Ja Ja, ofrece deliciosas puka capas con helado mixto de canela y leche en el kiosco de la Plaza de Cala Cala. Es una tradición que se remonta a los felices años del Bar Social, donde doña Julia Palacios recibió a los grandes artistas y orquestas del país en sus festejos de fin de semana.

En La Recoleta.- Las Carmelitas es un establecimiento muy elogiado por la calidad de sus puka capas –empanadas rojas de queso, cebolla, aceituna y otros ingredientes nobles--. La casa original se encuentra en el kilómetro 16, muy cerca de la represa de La Angostura, a mano izquierda, pero estas célebres empanadas se expenden también en la avenida Aniceto Padilla, pasando unos pasos de la esquina Potosí.

En la calle Lanza.- Wistu Piku es hoy una cadena de las puka capas más antiguas del país. El origen del nombre se remonta a los días posteriores a la guerra del Chaco, cuando, según dicen, un joven defensor del petróleo retornó con una afección en los nervios del rostro que le provocó una herida. La boca se le torció a un lado pero este joven pionero de la repostería criolla no se inmutó. En mis años de infancia, la cortesía criolla mandaba recibir a los huéspedes del interior en el Wistu Piku, con un par de buenas puka capas que había que disputarse en un tumulto cada vez que salía un balay lleno de estas delicias, y se remataba con un doble de chicha. Esa era la cita criolla de aquellos días.

Hoy Wistu Piku se abre en varios puntos de la ciudad y del país: el más reciente es el local del Prado, primera cuadra, al lado de Buenos Aires Coffee.

...Para chuparse los dedos

...Para chuparse los dedos

· Empanadas bolivianas: piñatas del sabor criollo

Las salteñas son un invento muy ingenioso: son como hornitos de barro en los cuales se calienta un misterio para buenos paladares. Abrirlas es como romper una piñata. Sus paredes de masa especial deben ser finas y duras para que el jigote revele todos sus secretos. Se llaman equívocamente salteñas porque, así como las conocemos, son un invento nacional. Dicen que nacieron en Potosí, pero las salteñas cochabambinas son inconfundibles. En realidad deberían llamarse empanadas bolivianas.

En El Prado.- Orti’s ha ganado varios premios de la Feria de la Salteña y tiene un establecimiento espacioso y soleado en El Prado, casi llegando al monumento a Simón Bolívar.

Las salteñas Los Castores, de mi buen amigo Cristóbal Andrew, son preferidas por los jóvenes. Se sirven en la esquina del Prado y Oruro.

En la calle Colombia.- El Canguro es una vieja tradición. Jorgito Antezana es un viejo amigo que ha conservado el secreto de sus deliciosas salteñas por décadas. Atiende en la calle Colombia entre Baptista y España.

En Cala Cala.- La Salteñería Social es heredera de la vieja tradición del Bar Social de Cala Cala, continuada por el legendario Armando Antezana Palacios, obispo del buen humor al punto que lo llamábamos Gordo Ja Ja. Hoy la atienden sus herederos. Son salteñas tradicionales de exquisito sabor criollo.