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Blog para sibaritas bolivianos residentes en el Planeta. Para amigos del exterior que amen la cocina y el turismo en Bolivia. Y en especial para los Militantes de la Buena Vida de todo el Universo

Thursday, July 13, 2006

Banquete de signos a lomo de tigre

Hay manjares que se consumen en dosis pequeñas, en jornadas repetidas e inolvidables. Un buen queso, un vino añejo, un café colombiano, un té verde chino, un habano, un cogollo, una ulupica se guardan en la alacena para ciertas ocasiones, y cuando éstas llegan se crea primero un ambiente de luz amable, música baja y buena compañía para degustarlos. Así leí, con calculada morosidad de gato doméstico, ese banquete de signos a lomo de tigre que publicó Moira Bailey (Ed. Verdehalago, México, 2002) sobre el idioma chino. Lo leí cometiendo ese vicio solitario que te explica por qué se vuelve continuamente a la lectura de aquellos ensayistas que crearon y perfeccionaron el género desde Montaigne hasta Michel Onfray, pasando por Wilde (ensayista aun en sus obras teatrales) Borges u Octavio Paz. Hablo de esa suspensión del rigor mortis del especialista o del mero erudito para expresar, en frases cuidadas hasta el borde de lo poético, pensamientos nuevos, relaciones audaces, metáforas extremas, citas e informaciones sin la fatigosa indicación de fuentes: la tertulia o el diálogo ateniense estampados en una hoja de papel.

Moira hizo un curso del idioma mandarín en China y eso le permitió observar las enormes sutilezas de esa gran cultura, única y diversa a través de los milenios gracias a la profunda sabiduría de saber combinar los elementos más disímiles, provenientes de los orígenes más contrapuestos en una cadena de totalidades que, aun en la disputa, disputan armoniosamente. A fines de 1999 hice a mi vez un viaje por cuatro ciudades de China y llegué cargado de preguntas que no me podía responder; pero luego de leer a Moira Bailey vislumbro algunas respuestas, y sin embargo es aun más grande el nuevo caudal de preguntas que me dejan y que, para colmo, no me es dado formular. Leer el ensayo de Moira fue para mí sentir que me había montado en un tigre y no sabía cómo bajar de él, expresión que usan los monjes chinos para quienes se meten en camisa de once varas (Moira dixit).

Me consoló saber que mucho antes que yo, gente tan prestigiosa como los jesuitas franceses, Hugo Diego Blanco, Ezra Pound, Theilhard de Chardin, Borges, José Joaquín Tablada, Octavio Paz, habían terminado sus días con la misma perplejidad que Moira Bailey procura explicar en una aproximación sagaz a algunas claves del enigma.

Un enigma mayor que el de la Esfinge pues, para descifrarlo, se requiere cruzar el más ancho de los mares, el mar lingüístico, frase que tomo al azar porque me fascina que contenga en tan pocos signos semejante abismo de agua, pero también porque soy un subrayador impenitente que no se compadece de la página y la deja llena de tatuajes y cicatrices para volver más tarde, ya no al texto íntegro sino a pellizcar aquí y allá una presa de faisán, una ostra a la parmesana, una ulupica como las que abundan en este diccionario imprescindible que construyó Moira: Loto dorado es el nombre de los pies reducidos; las relaciones amorosas se llaman nube y lluvia porque un rey soñó con una diosa y también soñó que llovía. Oeste es el dibujo de un nido de pájaros dormidos. Agua y mano significan nieve, es decir agua que se puede agarrar. Justicia es la unión del carácter “yo” y el carácter “oveja”: cuando hay justicia el hombre permanece dócil Dos estrellas, una de la constelación Lira y otra de la constelación Águila, simbolizan a dos amantes separados que sólo pueden unirse una vez al año por un puente de pájaros. Los caracteres que designan el agua subterránea son usados para expresar la idea de lo antiguo o clásico: aquello que está escondido dura más. Y Li Po añade: “El hombre de espíritu noble oculta su brillo”. Una lámpara con una luz que brilla por dentro, símbolo de un hombre iluminado con luz interior, es el signo que se utiliza para designar el concepto de maestro. El verbo “saber” tiene la radical de una flecha combinada con una boca, lo que significa que el que sabe debe opinar rápido y con la certeza de una flecha. Un cráneo y un corazón combinados forman el verbo “pensar”.

Hay una vieja maldición china que repite Umberto Eco en su alegato contra el todo: “Ojalá te toque vivir en una época interesante”. Entenderla es difícil para quienes vivimos hace casi dos siglos, si no más, en una época interesante, es decir, en una época interminable de cambios. Pero no para un pueblo que tiene mitos como el que sigue: la “madre de las tortugas”, 22 siglos a.C ayudó al emperador Yu a dividir la tierra en nueve regiones ¡después de haberlo medido y caminado todo! ¡Y a paso de tortuga! Dice un francés: La tranquilidad de los chinos es tal, que pueden explicar en un año lo que yo digo en una mañana.

Los chinos concedieron en todo tiempo más importancia a la práctica que a la teoría. Zhu Pigman (¿Superman?) gastó toda su fortuna para perfeccionar el arte de matar dragones, pero como no había dragones que matar tuvo que dedicarse a la enseñanza de matar dragones. Went Zu, filósofo taoísta enseña que el logro es una cuestión de tiempo, no de competencia. Nada puede ejercer su influencia sin antes haberse ido acumulando pacientemente. Y el budismo, que ejerce tanta influencia entre los chinos como el taoísmo y el confucionismo, enseña que lo suave dura más y llega más lejos; la firmeza es producto de la suavidad, principio que me suena a esa fortaleza insuperable, el erotismo femenino. Sha Yung dijo en el siglo XI un epígrafe que le gustaría a Jorge Timossi, autor de un poemario inolvidable que titula “Las cosas como son”. Dijo: “Mirad a las cosas desde el punto de vista de las cosas y descubriréis su verdadera naturaleza; mirad a las cosas desde vuestro propio punto de vista y veréis vuestros sentimientos, pues la naturaleza es clara y los sentimientos tienen prejuicios y son oscuros”. Y el taoísmo enseña a acercarse a todos los aspectos del mundo tranquila y constantemente. El taoísmo enseña la constante observación y la intuición en lugar de la razón y la ciencia ortodoxa por su dificultad para adaptarse al movimiento de la vida y a los ritmos de las diversas naturalezas. Se debe fortalecer la intuición para preservar la esencia interior y evitar que la vida sea dirigida desde afuera. La china, Moira dixit, es una cultura de la discreción y el escondite, para ellos no importa mostrar sino crear, la sutileza y el secreto. Nunca se debe hablar de lo que uno sabe, más aún cuando se sabe mucho. El silencio es un símbolo de sabiduría. El poeta Wang Wei dice que la claridad se puede obtener sólo a través de la soledad. Sin aislamiento, no hay arte ni misticismo. “No ha llovido en el sendero de la montaña / sólo el azul del vacío humedece nuestras ropas”. Un poeta, un místico, un sabio son seres libres, han cultivado la libertad para deshacerse lo más posible de cargas y deseos inservibles. Y la sabiduría no es una mera acumulación de datos científicos o académicos, sino una manera de entender la vida y una conducta moralmente recta, pero también moderada en la alimentación y en los placeres. Los sabios vivían en la búsqueda de la perfección moral sin olvidar los goces naturales.

Así se comprende el impacto de la invención china en Occidente. Cinco siglos antes de Gutemberg había sido editada “La Sutra del diamante”, de Wang Chien. Entre el 250 a.C. y el 1250, China ejerció más influencia matemática de la que recibió y los chinos fueron los primeros en poder expresar cualquier número de más de nueve dígitos con precisión. La utilización del sismógrafo viene del siglo XX, y ellos lograron también la técnica de inmunización, antecedente de la vacuna. A fuerza de observación , fueron los primeros en hacer catálogos de estrellas. La astronomía moderna no emplea ni la griega ni la árabe, sino las coordenadas ecuatoriales de los chinos que en el año 350 a.C. ya tenían la esfera armilar de Su Sung, uno de los instrumentos más perfectos de la astronomía y que no ha sido superado. La invención del reloj, la pólvora, el papel, la correa de transmisión, la tracción en cadena, el método normal de convertir el movimiento rotatorio en rectilíneo, los puentes en arco de segmento y técnicas náuticas como el timón de codaste, son inventos chinos, como lo es la fundición del hierro, inventada apenas lo descubrieron, 18 siglos antes que en Occidente.

Pero, a esta altura del banquete, quisiera quedarme con una reflexión: en 1948, Lin Yutang escribía en “Mi patria y mi pueblo” que si algún pueblo en el mundo jamás sería socialista era el pueblo chino. Un año después, Mao Tse Tung entraba a Pekín. Hace poco, durante una breve estadía en China, me impresionaron las columnas interminables de ciclistas que van como hormigas a su trabajo, portando algo imprescindible: un frasco de vidrio con infusiones. El guía me dice que han detenido el crecimiento de la población con una medida rígida: nadie puede tener más de un hijo; una recompensa especial es la autorización para tener el segundo y último, pero engendrarlo sin consentimiento del Estado trae sanciones pecuniarias. Un ministro me dice: Hemos solucionado el problema del hambre, pero nos quedó una vieja costumbre. ¿Sabe cómo se saluda la gente aquí? Saluda preguntando: “¿Has comido?”

No he encontrado mejor explicación para estas observaciones que la que me ofrece Moira Bailey, y que resumo penosamente como un convicto de traición: los chinos viven simultáneamente el pasado y el futuro en su vida cotidiana. Jamás han sido fundamentalistas de la diversidad, que los hubiera fragmentado en cientos de republiquetas (como quieren unos cuantos y conspicuos pendejos, dividir la nación en aldeítas y aillitus); al contrario, han construido una totalidad asombrosamente diversa. En palabras de Moira: “Los extremos más opuestos conviven en un país de islas, mares y desiertos gigantescos que se unen en un territorio tan amplio en espacio como en ideas, inmersas en un tiempo sin comienzo ni final. Esa admirable capacidad de síntesis y sincretismo “ permite una compleja mezcla además de una envidiable continuidad que con el paso de los siglos ha unido un sin fin de concepciones que forman una gran telaraña cuyas raíces, al igual que las de los árboles, tienen una profundidad directamente proporcional a su extensión y altura.” Los extremos Según Sun Zi (El arte de la guerra) se debe practicar la virtud de la flexibilidad. Uno debe ser como el agua que no tiene forma definida, que se adecua al recipiente que la contiene, y que cambia en relación con la tierra en la que se encuentra su curso, escogiendo siempre los lugares donde hay menos obstáculos.

Y me reservo para el cognac postrero esta frase luminosa de Moira: “Observar la manera en la que enfrentan las adversidades produce un sentimiento de admiración y hasta de ternura, porque a veces son como niños que no obstante su edad, logran salir ilesos de las pesadillas.”

Me es ya de algún modo familiar la presencia de los Bailey en mi horizonte visual. Coleccionista que guarda a capricho la memoria de personas, anécdotas y frases, no he dejado de percibir la magnífica traducción de la poesía de Horacio que hizo Alberto Bailey Gutiérrez cuya lectura, precisamente por próxima y repetida, no me permite hasta hoy hacer pública por escrito mi gratitud no tanto al poeta latino sino a ese fino poeta de la prosa que hoy lo tradujo. Y, como dato curioso, conocí el año pasado un libro titulado “La vida cotidiana en los tiempos bíblicos” que leo y consulto por puro placer. El autor era, por entonces, 1943, profesor de una universidad norteamericana. Se llama Albert Bailey. ¡Sólo faltaba que le dijeran Kid!

1 Comments:

At 12:13 PM, Blogger Carlos said...

Libro 36 ESTRATEGIAS CHINAS.
Puede bajarlo desde http://www.personal.able.es/cm.perez/36_estrategias_chinas.pdf

Describe estratagemas como "moverse sin ser visto en el mar a plena luz del día", "matar con una espada prestada" o "crear algo a partir de la nada". Cuando usted domine estas 36 estrategias, estará preparado para encontrar soluciones a cualquier tipo de problema y será capaz de adaptarse a toda clase de circunstancias.

Para mas información, y mas temas relacionados con la cultura china: http://www.personal.able.es/cm.perez/

 

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